Saturday, November 21, 2015

La niña de los colores, metáfora de la vida


La niña de los colores nos demuestra los paradigmas, percepciones y críticas de la sociedad vista desde la inocencia infantil. El grupo de teatro nos trajo una pieza llena de contenidos y colores para representar uno de los rasgos más cosechados en la humanidad: los prejuicios.
La sociedad es una paleta infinita de colores, unos más aceptados que otros, pero todos necesarios. ¿Cómo relacionarse con aquellos más raros? ¿Cómo tratas los matices que evitas toda la vida?...

En un intento por identificar los colores, encontramos en el salón de clases como la contradicción del amarillo, la naturaleza aventurera del verde, la feminidad del rosa, la pasión del rojo y la simpatía del azul se unifican para formar un tono desconocido, el blanco.
Ana es la niña nueva del salón, pero no como cualquiera, es muy distraída, callada y se mantiene inexpresiva, pareciera incluso que no escuchara, es diferente, pues padece de autismo. ¿Pero que será esto? Cada niño opina y crea una imagen distinta de la palabra; unos dicen que es una nacionalidad, otros que es una celebración, la misma forma en que criticamos sin conocer a que nos enfrentamos.

Poco a poco los chicos comienzan a tratar a Ana, pero se dan cuenta de lo complicado que es, ella no reacciona de la misma manera, tampoco entiende los juegos. Parece que todos están en un mismo mundo creativo, cada uno tiene un color que demuestra la esencia de su personalidad, mientras que Ana está en blanco…

El blanco no es un matiz, es luz. Es la unión de todos los colores a través del prisma. El instante en que sus compañeros encuentran su reflejo en Ana, y ella los hace sentir entendidos entregándole un creyón a cada uno. De esa forma los colores transmiten el mensaje de la obra, como los prejuicios.

Vuelvo a la pregunta, ¿Cómo relacionarse con aquellos colores más raros?, No sabemos que depara el destino, ni a quienes conoceremos, pero debemos entender que reflejamos miles de tonalidades, donde seguramente encontraremos un punto en común fuera de críticas.
Somos como los niños que sin pensar juzgamos, pero adultos que sabemos cómo herimos. Citando a Rubén Darío; 
“Gentes que llaman sensatas
son otros tantos zorzales,
cuando encuentran pavos reales
sólo les miran las patas.”




Ensayo: Cristina Finocchio

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