Fuese cuestión de reivindicación femenina o apología de la infinita libertad humana, el portazo de Nora Helmer ciertamente resonó en las conciencias decimonónicas. Tres olas de feminismo después, sigue haciéndonos ruido… ¿Era su matrimonio tan deplorable que abandonarse a un futuro incierto, contemplada la posibilidad de no volver a ver a sus hijos, resultaba la elección más sensata? Nora no ignoraba lo censurada que resultaría su resolución; no obstante, para el tercer acto de Casa de Muñecas, Nora Helmer había emprendido la búsqueda de “la verdad más allá de la tradición, más allá de la definición, más allá de la imagen”. Torvaldo había descartado el asunto del préstamo como un desagradable malentendido, pero Nora ya no podía ignorar aquello que tanto Amy como Laura tuvieron claro desde el principio: la mujer que su esposo amaba nunca existió. Con el disgusto de Torvaldo, Nora cayó en cuenta de que su matrimonio se fundamentaba en su complacencia, en su buena disposición para representar una mujer que su esposo amase. Cuando las máscaras se caen −y las máscaras siempre se caen−, Nora comprende que ya no sabe no pretender, que ha perdido su propia identidad ante una efigie heredada, ni siquiera elegida voluntariamente para sí.
Amy, por el contrario, no tiene
problema alguno con pretender, no es autenticidad lo que busca. En cierto modo,
toda su vida había sido eso, una representación. Creciendo, siempre había sido híper consciente
de sí misma, de la manera en que se presentaba ante los demás y, asimismo, de
cómo los demás se presentaban ante el mundo. Con el tiempo, Amy se enamoró de
su reflejo, de su imagen proyectada, su autoconciencia adquirió un tinte
narcisista. Dice Amy de su matrimonio que Nick y ella eran felices pretendiendo
ser otras personas; sin embargo, “Nick se volvió perezoso. Se convirtió en
alguien con quien yo no acordé casarme”, Nick amenazó la vida ideal que Amy
había creado y por ello debía morir. Es el mismo caso de Laura, quien no tiene
escrúpulos para deshacerse de su marido cuando este ya ha cumplido su rol “de
padre y proveedor desgraciadamente necesario”. Amy y Laura, por lo tanto,
tienen maneras similares de concebirse a sí mismas y de manipular las apariencias
para hacerse con aquello que ellas consideran que les corresponde.

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